Érase una vez
un príncipe, llamado Felipe que se quería casar con una princesa del reino
vecino, que era muy buena y muy bella.
Ambos reinos
eran enemigos, por lo que el príncipe Felipe tendría difícil poder casarse con
la princesa Anastasia. Entre ambos reinos existía otro reino, cuyo príncipe
era muy malo y quería casarse con Anastasia para tener más riqueza y quedarse
con su reino y así poder conquistar también el reino del príncipe Felipe.
El príncipe
Felipe tenía una madrastra que no quería que se casase con la princesa
Anastasia, porque quería que el príncipe
se casara con su hija y así su hija fuera princesa.
Anastasia
vivía feliz en su palacio, con sus padres los reyes. A la princesa le gustaba salir
a pasear por el bosque y disfrutar de la naturaleza y los animalitos del
bosque.
Mientras el
reino de Anastasia y el reino de Felipe se enfrentaban, el príncipe Felipe pensó
en hablar con su padre para que esa guerra acabara pronto y le dijo que él
deseaba casarse con la princesa Anastasia del reino vecino que la quería mucho.
Mientras padre e hijo charlaban la madrastra de Felipe escuchaba detrás de la
puerta y salió corriendo en busca de su hija para decirle que tenía que hacer
todo lo posible para que fuera ella quien se casara con el príncipe y fuera princesa
y que no podía consentir que el príncipe se casara con la princesa del reino
vecino.
El príncipe
malo en su reino planeaba como conseguir casarse con Anastasia, siempre con el
apoyo y ayuda de su madre, que lo único
que quería era lo mejor para su hijo y si su hijo quería casarse con la
princesa del reino vecino le ayudaría en todo.
Pasado un mes,
llegó el verano, y un día mientras la princesa paseaba por el bosque se
encontró con el príncipe Felipe cabalgando con su caballo y se quedó mirándolo
fijamente, entonces Felipe se bajó de su caballo y se dirigió a la princesa, se
conocieron y estuvieron largo tiempo hablando y paseando juntos por el bosque. Ese día, la princesa Anastasia volvió encantada a su palacio, se había
enamorado del príncipe bueno. Desde ese día el príncipe y la princesa
quedaban todas las tardes para dar un paseo juntos por el bosque.
Un día el príncipe
Felipe decidió ir al palacio del reino vecino con su padre a pedir la mano de
la princesa Anastasia y así firmar la paz entre ambos reinos. Al llegar al
palacio, hablaron con los padres de la princesa y el príncipe Felipe con ayuda
de su padre le pidió a la princesa que se casara con él y dijeron al padre de la princesa
firmar la paz entre ambos reinos a lo que el rey contestó que sí, y que la boda
entre los hijos de ambos reinos acabaría con las peleas entre los dos reinos.
Todo intento
por parte de la hermanastra del príncipe Felipe y por parte del príncipe malo
para poder enamorar al príncipe Felipe y a la princesa Anastasia respectivamente
no tuvieron ningún resultado.
Los dos reinos
estaban ya en paz; por fin había llegado el día de la boda, el día en el que el
príncipe Felipe y la princesa Anastasia se casaron y desde ese día vivieron
felices y contentos.
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